El chico subió las escaleras corriendo, rebuscó en su mochila y bajó. La encontró sentada en su sofá, abrigada con una de sus mantas.
-Oye, ¿y estas confianzas?
-Lo siento, pero he de reconocer que tu anorak era tremendamente calentito. Desde que te lo devolví me estoy arrepintiendo. Así que me he agenciado tu manta. Ven, siéntate conmigo que se está muy agustito.
Adam, como impulsado por un imán gigantesco, no lo pudo resistir y se acomodó junto a Abril. Ella le pasó un trozo de manta y así se quedaron durante un par de minutos. Sin decir nada.
-Bueno, ¿qué tal si me das las láminas y me voy? No quiero ser borde ni nada, pero tengo muchísimo sueño, y a este paso voy a quedarme dormida aquí.
-Eh…sí, claro. Toma. Por cierto, ¿cómo coño tienes la dirección de mi casa?
-Estas novedades del internet…tener contactos…tu apellido es poco común y las páginas amarillas son asombrosas.
-Das miedo. De verdad.
-Jajajaja. –Ella se rió en bajito, tapándose con la mano para no hacer ruido. –Qué cara de acojone tienes. Jajaja.
-En serio, no me mola nada que alguien a quien no conozco se plante en mi casa un día de madrugada.
-Lo sé. Pero también es atractivo. Me gusta un poco ir más allá de las normas y de las convenciones. Todo ahora está medido al milímetro, y si te desvías un poco ya te llaman loco. Pero, tal como dijo el padre de Alicia en la obra maestra de Tim Burton: “te diré un secreto, las mejores personas están locas”.
3 comentarios:
Me gusta la historia de Adam con Abril ^^, y me han gustado estos dos capítulos!
Aunque... son tan cortitos! me dejan con ganas de más! xD
Un besoo!
Tengo una cosa para ti por mi blog ^^
Besitos!
Tengo otro premio para ti ^^ jajaja
Besos!
Publicar un comentario