6.3.11

Diez. (por ti, batamanto)

El chico subió las escaleras corriendo, rebuscó en su mochila y bajó. La encontró sentada en su sofá, abrigada con una de sus mantas.
-Oye, ¿y estas confianzas?
-Lo siento, pero he de reconocer que tu anorak era tremendamente calentito. Desde que te lo devolví me estoy arrepintiendo. Así que me he agenciado tu manta. Ven, siéntate conmigo que se está muy agustito.
Adam, como impulsado por un imán gigantesco, no lo pudo resistir y se acomodó junto a Abril. Ella le pasó un trozo de manta y así se quedaron durante un par de minutos. Sin decir nada.
-Bueno, ¿qué tal si me das las láminas y me voy? No quiero ser borde ni nada, pero tengo muchísimo sueño, y a este paso voy a quedarme dormida aquí.
-Eh…sí, claro. Toma. Por cierto, ¿cómo coño tienes la dirección de mi casa?
-Estas novedades del internet…tener contactos…tu apellido es poco común y las páginas amarillas son asombrosas.
-Das miedo. De verdad.
-Jajajaja. –Ella se rió en bajito, tapándose con la mano para no hacer ruido. –Qué cara de acojone tienes. Jajaja.
-En serio, no me mola nada que alguien a quien no conozco se plante en mi casa un día de madrugada.
-Lo sé. Pero también es atractivo. Me gusta un poco ir más allá de las normas y de las convenciones. Todo ahora está medido al milímetro, y si te desvías un poco ya te llaman loco. Pero, tal como dijo el padre de Alicia en la obra maestra de Tim Burton: “te diré un secreto, las mejores personas están locas”.

Nueve. (retraso otra vez.. :( )

Abril. Andrea. Estaba confundido. No sabía exactamente qué quería aquella chica, pero es que tampoco entendía a su ex novia. No dejaba de darle vueltas. Y lo más importante: ¿Qué quería él? Porque a Abril no la conocía de nada, apenas si habían intercambiado dos frases seguidas. Y sin embargo le gustaba, era obvio. Pero lo suyo con Andrea había sido muy fuerte. Y ahora veía la oportunidad de solucionarlo todo con ella. ¿Qué coño hago?

Entre tanto pensamiento confuso, dieron las 12  y Adam subió a su cuarto a dormir. Programó la alarma del móvil a las 3.50 y se acostó. Su cabeza divagaba, pensaba, y no callaba. Al final, conectó su ipod, cogió unos auriculares y puso la música de la BSO de Gladiator a todo volumen. Le dolían los oídos, pero extrañamente cayó rendido con la tercera canción.

“And even though she’s dreaming, she’s unlocked the meaning for you…” Shinedown comenzó a sonar en el móvil. Adam, cansado, lo apagó, y vio que hacía cinco minutos que Abril le había dado un toque. Se vistió con lo primero que pilló. Se lavó un poco la cara y salió fuera. Y exactamente igual que la madrugada anterior, Abril estaba ahí de pie. Sonriente.
-Hola. ¿Y las láminas? –Un cálido susurro salió de los labios de ella.
-Mierda. Las he olvidado. ¿No pretenderías que me despertase a las 4 de la mañana y que estuviese en plenas facultades?
-Pues sí. Si no, menudo ingeniero vas a ser. Tráemelas anda.
-Vale. Espera aquí un segundo.
-Oye. ¿Y si paso? Prometo no hacer ruido.
-No sé si debería… mi madre…
-Venga. No te preocupes. Me portaré bien. –Su sonrisa pasó a ser una típica caricatura de un angelito tratando de portarse bien.
-Está bien. Anda. Pasa.
Adam le abrió la puerta. Con sigilo, y susurrando, le indicó que le esperase en el salón.