2.2.12

Veinte y Dos. (Gracias, lectores!)

Y tal y como minutos antes había hecho Aitana, le colgó sin que él pudiese decir nada. Se quedó sin saber qué hacer. Miraba el móvil ensimismado. De pronto la luz de la pantalla se encendió. Descolgó.
-Pero bueno, Adam, ¿te ha dado cagalera, o qué?
-No, joder. Me ha llamado la chica esta…no sé qué hacer. Estoy en shock. ¿Te importaría que te contase todo en otro momento? No estoy muy bien que digamos.
-¿Qué te ha hecho la zorra esa? ¿Tengo que coger un autobús y pegarla?
-Que no. Lo siento, Aitana. Pero estoy, no sé…entre esto y lo de Andrea… creo que me voy a ir a dormir.
-¡¿Ahora?! Pero si son…¡las 7! No, no. Tú te vienes conmigo de juerga.
-Eh…no flipes. Ni de coña.
-Adam. Sí. Me lo debes.
-¿Y eso?
-Pues no sé si te acordarás de aquella vez que…
-Oh. No. Eres odiosa. Te odio. Te re-odio. Dos veces. ¿Me oyes?
-Lo sé. Yo también te quiero. Así que… ¿te gusta la Inn, verdad?
-Qué remedio…al menos, tus amigas…¿son guapas?
-No te entiendo…tienes problemas con 2 faldas…¿para qué quieres más?
-Estaba de coña, joé… hay que ver cómo te lo tomas todo. Bueno. Dime. ¿A qué hora y dónde?
-En Moncloa a las 11.30. Tienes mucho tiempo libre ahora. Te recomiendo que apagues el ordenador (porque seguro que estarás metido en su tuenti mirando sus fotos y viendo cómo abraza a otros chicos) y eso no es nada bueno para ti… y también te recomiendo que apagues el  móvil y no te pongas a releer los mensajes que te ha enviado esa tipa.
-Abril.
-¿Qué? Mayo. Yo también sé jugar.
-No, estúpida. Se llama Abril.
-¡Ah! Vale. Joder. Bueno, pues eso. Te conozco, pequeño “padawan”. Nada de electrónica. Sólo te permito música, cuaderno y lápices. Con la cabeza confundida es cuando mejor dibujas. Y ya sabes que adoro tus dibujos.
-Vale. Calma. Me saturas. Nada de móvil ni ordenador. Captado. ¿Algo más, mi comandante?
-Sí, cuando vengas no habré cenado. Párate en el McDonal’s de Plaza Castilla y píllame algo anda.
-¡Vaya cara más dura tienes, Aitana!
-Veeeengaaa. Te presentaré a una amiga…con solo decirte su nombre…se llama Septiembre. ¿Son ésas las que te ponen, no?
-Estúpida. Te odio. Y ya van 3 veces.
-Creo que me odias más de 3 veces, pero también sé que me quieres el doble. Así que te dejo.
-Bah. Me las pagarás. Quiero un baile de “reguetón” contigo.
-Me niego.
-¡Ah! Si yo voy a Madrid a una discoteca tú bailas “reguetón” conmigo o no voy. –Adam sabía lo mucho que ella odiaba aquel baile.
-Dios.
-¿Dígame, señorita?
-No, memo, que yo también te odio.
-Ya, pero me quieres…¡el triple! ¿A que sí?
-Sí, seguro. Anda. Hazme caso. ¡Un beso, pipiolo!
Y volvieron a colgarle por tercera vez en aquella tarde.  Estaba ahí, de pie, en mitad de su cuarto, y no sabía qué hacer. Tenía una tarde demasiado larga por delante como para quedarse quieto pensando. Debía evitar pensar a toda costa, o la extraña conversación con Abril le amargaría la fiesta.
Decidió empezar por elegir ropa para aquella noche.

No hay comentarios: