20.4.11

Doce. (porque ya iba siendo hora..)

Vaqueros. Cazadora de cuero. Bufanda gris. Cascos verdes. La mochila de Quiksilver. Deportivas anchas. Y emoción en el pecho. Tenía ganas de verla.
Llegó por los pelos a coger el autobús. Subió, pagó con el abono mensual de familia numerosa, y allí, al fondo del bus estaba ella. Hecha un ovillo para combatir mejor el frío. Al verle se quitó los auriculares rojos y le sonrió.
-¡Vaya! Cuánto tiempo.
-Y que lo digas.
Ella iba vestida con un abrigo de tweed negro, unos pitillos ajustados grises, y una palestina azul, a tono con los reflejos del pelo. Como siempre, las huellas en una oreja, la estrella plateada en la otra, y el arito de plata en la nariz. Con mucho, mucho estilo.
Adam estuvo un buen rato mirándola, mientras que ella observaba ensimismada por la ventana algo empañada. Al fin, ella se giró y le pilló.
-¿Qué miras?
-Nada. Da igual. ¿Qué escuchas?
Ella le pasó uno de sus cascos. El sonido se oía casi sin colocárselo en la oreja.
-¿No lo llevas muy alto?
-Me gusta. Así no pienso.
-¿Qué canción es?
-Snow white queen. ¿Sabes de quién es?
-Espera…déjame que escuche un segundo…-Adam prestó atención a la melodía, el lamento de la voz, la letra…- Sí. Es Amy Lee, ¿verdad?
-Sí. La adoro. Es genial.
Hablaron de música, de películas, de novelas…De todo lo que se habla cuando conoces a alguien. Y poco a poco descubrieron que tenían bastantes cosas en común. Y poco a poco Adam fue interesándose más y más por ella. No era una chica corriente. Tenía una forma de ver la vida extraña. Alocada. Ingeniosa.
Al cabo de media hora aparecieron en el intercambiador de Plaza Castilla. El triste suelo gris les dio la bienvenida una vez más, y de ahí, la marea de gente les condujo hasta su destino. Charlaron. Rieron. Y una chispa brotó en el interior de él. Algo nuevo, con fuerza, iba creciendo poquito a poco, y Andrea no había vuelto a aparecer por su cabeza desde que la vio el día anterior. No. Únicamente tenía espacio para Abril.

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