1.5.11

Quince. [Gracias, seguidores :D]

Así, con la energía por los suelos, se encerró en su refugio de paredes verde esmeralda. Adoraba estar en su cuarto. Las paredes tenían algunos de bocetos hechos por él. Todos en blanco y negro.  Según entrabas, en la de la izquierda, donde se encontraba su mesa de estudio, tenía dibujos de dos figuras luchando entre ellas. En la pared de la derecha, la de su cama, los bocetos trataban sobre una huida de un lugar oscuro. En una esquina había un puf negro y junto a él una guitarra desafinada, cansada de esperar a que Adam quisiese aprender a tocarla. Una minicadena negra metalizada con un equipo de altavoces potentes fue un regalo de cumpleaños que le hizo Andrea. Se deshizo de todo lo que le recordaba a ella, salvo eso. Le encantaba la potencia que tenía. Su cama era únicamente un somier a ras de suelo con el colchón encima.
Tras muchos años peleando con su madre, había conseguido decorar su cuarto a su gusto. Era su guarida personal. Se tumbó en la cama mirando al techo. A ver si pinto algo ahí arriba algún día de estos. Una lágrima se perdió en su mejilla, y al estar tumbado acabó muriendo en su cabello castaño alborotado. No. No lloraría.

Con el mando a distancia encendió la minicadena y comenzó a sonar un Cd de Nickelback. Oh. Perfecto. Justo para el ánimo que tengo. Cerró los ojos. Y ahí se quedó. Profundamente dormido.


El sol alto le bañó la cara. Arrugó la frente. Odiaba esos rayos matutinos que le despertaban de malas maneras. ¿Sol? Pero…si… Adam abrió los ojos despacio. Miró su reloj de pulsera. No podía ser. Las once de la mañana. ¿Qué día es hoy? La respuesta la obtuvo en el calendario hecho a mano que tenía colgado en su armario. Sábado. Mierda. Mierda. El entrenamiento de basket. Mierda. Sí, se había quedado dormido.
-¿¡Mamá!? –Llamó varias veces a su madre, pero nadie contestaba en la casa. Se habrá ido ya a trabajar. Joder. El entrenador me va a echar una bronca horrible. A la mierda.
Una idea le cruzó la mente. Sí. ¿Por qué no? Cogió el móvil, que todavía estaba en sus vaqueros y se dispuso a teclear un sms. Ya está. “Enviar”.
La respuesta tardó un par de minutos, y en ese tiempo de insufrible espera Adam aprovechó para comerse un croissant. Ahí estaba lo que buscaba. Sonrió pletórico:
“Okk, n mdia ora toi n tu puerta. 1bso feo!”
Adam terminó su croissant, subió las escaleras de dos en dos, se quitó la ropa de ayer con rapidez y puso a calentar el agua de la ducha. Encendió la minicadena, esta vez con la lista de reproducción de su iPod. Se metió en la ducha, y en un “pis pas” estaba con una toalla enrollada en la cintura y decidiendo qué ropa ponerse.

Se miró en el espejo. No estaba mal. Sus vaqueros desgastados, una sudadera verde de O’Neil y unas All-star negras. ¿Y el pelo? Qué desastre. Siempre igual. Se lo agitó con fuerza, y al final pareció que le gustaba lo que vio. Se echó su Axe preferido y se sonrió. En ese instante sonó el timbre de la puerta. Casi se mata bajando los escalones, pero al abrir la puerta ahí estaba.

1 comentario:

Silvia dijo...

Adam es un personaje que me inspira mucha ternura ^^ Sigue así!
Un beesooo!