22.4.11

Caatoorcee -largo-. (LAC ¬¬)

Ella se giró con la rapidez de un felino sorprendido y se quedó a escasos centímetros de la cara de Adam. Ella le aguantó la mirada. Él se dio cuenta de que sus ojos tenían un extraño brillo grisáceo cerca de la pupila. Y no habría sido capaz de definir un color para ese iris tan curioso. Él aguantó, aunque horas más tarde no sabría de dónde había sacado aquel coraje para enfrentarse así a esa chica tan…tan, tan tan…Adam no pensaba con claridad. Ella se fijó en el verde intenso de los ojos de él. Un verde ciencia-ficción, como diría la gran Eva Amaral. La tensión se cortaba en el ambiente. Los segundos parecían días, y sin embargo cualquiera que les hubiese estado mirando habría dicho que llevaban si acaso 30 segundos. Pero suficientes para que un terremoto sacudiese sus corazones.
Un pitido en la blackberry de Abril les hizo separarse. Ella miró el mensaje con tanta rapidez que Adam no tuvo tiempo ni siquiera de ver quién lo enviaba. Lo único en lo que se fijó fueron las uñas moradas de ella, ligeramente desgastadas, a lo “jungle-Julia”, como diría su mejor amiga Aitana. Y también se fijó en el tattoo de la muñeca. Ya lo había visto antes, pero no tan definido. Lo llevaba semi oculto bajo una pulsera ancha de cuero, pero pudo ver una gota negra y algunas sombras de aspecto tribal.

-Oye, ¿me enseñas el tattoo? Mola.
-Hmmm…tendrás que ganártelo. No lo enseño así como así.
-Vaya…¿qué tengo que hacer?
-No sé. Sorpréndeme una noche con una buena película, y si me gusta te lo enseñaré.
-¿Puedo fiarme de tu palabra?
-Por supuesto.
Adam iba a vacilarla un rato, pero vio la honestidad en sus ojos, y confió en ella. Algo le inspiró respeto en esos ojos misteriosos.





Adam llegó aturdido a su casa. Las horas de transporte público le dejaban mucho tiempo para pensar.
-Hola, cariño. Ha llamado tu hermano.
-Ah. Vale… -Genial.
La historia familiar de Adam siempre había sido complicada, sobre todo en el colegio, cuando los niños son imprudentes y preguntan las cosas sin tacto alguno. “¿Tus padres en qué trabajan?” “Mi madre es cuidadora.” “¿Y tu padre?” “Hmm…vendedor.” Y ahí se acababa siempre la conversación. Toda la vida llevaba esquivando ese tipo de comentarios.
Adam cogió el teléfono, pulsó rellamada y al  otro lado una voz masculina contestó:
-¿Diga?
-Feo.
-¿Ade?
-Sep. ¿Qué tal?
Adam, o Ade como le llamaba su hermano desde que eran pequeños, no se sentía con ganas de charlar, pero tenía que esforzarse. Era importante.
-Bien. Aquí todo marcha bien. ¿Y tú? ¿Cómo va la carrera?
-Bien. También bien…esto…¿y papá?
-No sé nada de él desde hace un par de meses.
-Ah… -Adam se hundía a cada palabra más y más en tristes pensamientos.
-Supongo que andará de viaje. Por cierto, Kat te manda saludos. Envió una postal el otro día. Está encantada con el trabajo en Italia. Dice que liga mucho con eso de ser española.
-Genial. Genial. Me alegro de que le vaya bien. Bueno…yo…
Se hizo un silencio incómodo en la línea.
-…voy a tenerme que poner a estudiar. Estoy muy liado últimamente.
-Sí, claro, lo entiendo, Ade. Tranquilo.

-Pues eso. Ya nos veremos, supongo.
-Sí. A ver si no tardas tanto esta vez.
-Ya…mira…sabes que papá y yo nunca… -Adam se quedó trabado sin saber cómo seguir.
-Sí. Pero yo soy yo. No tiene porqué estar él para que vengas a verme a mí. Te echo de menos.
Y yo, Jota, y yo. Pero no lo dijo. Se le formó un nudo en la garganta. Inspiró hondo.
-Adiós.
Pronunció la última palabra con terrible esfuerzo. Colgó el teléfono.



-¿Qué? ¿De qué habéis hablado?
-De todo y de nada, mamá. Kat está bien en Italia. Y Jota sigue como siempre. Me echa de menos.
-Es que deberías ir a verle más a menudo.
-No empieces tú también, mamá. Sobre todo tú deberías entender que no quisiese pisar esa casa. ¿Vale? No tengo hambre. Estaré en mi cuarto estudiando.

2 comentarios:

Noviembre dijo...

plas plas plas plas
me ha encantado señorita Mad

A, continuación. dijo...

graaaciasss :DD a ver si sigo escribiendo , que estoy super liada =) gracias! ^^