16.2.12

Veinte y (C)uatro.

La noche iba pasando lentamente. Al final el alcohol hizo efecto en los chicos; dejaron de estar tan serios y comenzaron a bailar con las chicas, incluso con las que no conocían. Adam no dejaba de mirar a Ana María.
-¿Es guapa, verdad?
-No está mal. ¿Va a tu clase?
-Sí, ¿por qué no le entras?
-Qué va. Paso.
-Yo creo que le gustas.
-Aitana, no. Déjalo. No la líes.
-Bueno, tú verás, pero conozco a las chicas. Creo que le gustas.
Al principio Adam no quería, pero a medida que llegaban las canciones conocidas él se animaba más y más, hasta que acabó bailando “Rabiosa” con Ana María.
-Te mueves bien.
-¿¡Qué!?
-¡Que te mueves bien para ser chico!
Adam se reía.
-¡Gracias! ¡Tú eres guapa para ser chica!
-¡Ja ja ja ja!
Ana María se rió muy cerca de él. Demasiado. Adam no lo dudó y la besó.

-¿A dónde van?
-Fuera. Déjales.
-Sí, claro. –Aitana sintió una punzada de celos al ver marchar a Adam y Ana María juntos riéndose. Y ni siquiera se ha acordado de bailar conmigo el “reguetón” que tanto odio.
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-Bésame, Adam.
-¿Qué?
-Acércate, tonto. Dame un beso.
Adam despertó enredado entre las sábanas. Estaba sudando. No, no ha sido real. El sueño estaba grabado a fuego en su cabeza. Pero no, la noche anterior había estado con una chica bastante diferente a Abril.
Se levantó y fue al baño. Una ducha le vendría bien.


-Adam, ha venido una chica esta mañana a traerte unos apuntes a casa. No sabía que tuvieras una compañera que viviese aquí también.
-Ah… eh… pues… sí.
-Hijo, qué mala cara traes. Lávate un poco, anda.
-Ya me he duchado, mamá. ¿Dónde están los apuntes?
-En la mesa del salón. ¿Hoy comes aquí?
-Sí, sí.
-Bueno, pues no desayunes porque no tardaré mucho en preparar la comida.
-Vale. Sí. Vale.
Adam vio la carpeta en el salón. Era un plástico morado con un par de folios dentro. En uno de ellos había un texto muy largo escrito con un pilot negro. Esto lo ha escrito Abril. Es su letra y su boli preferido. En el otro folio había varias fotos impresas. Con muy buena calidad, pero en blanco y negro.
-Mamá, estoy en mi cuarto si quieres algo.
Subió las escaleras de dos en dos y cerró la puerta tras de sí. Se sentó en su puf negro y ojeó el folio con las fotos. Eran unas fotos curiosas. Objetos enfocados muy de cerca. Había unos pinceles, unas tijeras, un folio con tinta china, un vaso roto, un florero… No tenían mucha relación unas con otras. Adam comenzó a leer la carta:

1 comentario:

Anónimo dijo...

Voy a dejar de seguir un blog que no avanza nunca.

Una pena, prometia