5.4.12

Veinte y Cinco y perdón por la tardanza :(

“Buenos días, Adam. Hoy hace un día perfecto. El viento golpea mi ventana pero el sol luce con fuerza en lo alto. Es un día invernal óptimo para salir con una bufanda enorme y caminar por la calle hasta que dejes de sentir las manos del frío. Me encanta. Totalmente cierto. ¿Qué tal lo pasaste anoche? He visto un par de fotos en tu tuenti. La chica es guapa. Y por fin sé quién es la dichosa Aitana de la que tanto me hablas. A ver si me la presentas un día. Tiene cara simpática. Respecto a lo que pasó ayer por la tarde… No tienes de qué preocuparte. Soy un tanto dramática, no es nada grave. En serio. Confía en mí. Ya he hablado con Noa  y está todo solucionado. Vaya, el gato de mi abuela no deja de maullar. En fin… No sé qué más decirte. Debes estar algo confuso. Entenderé que te enfades conmigo, pero ahora mismo no soportaría perder tu amistad por uno de mis arrebatos infantiles. Estoy bien. En todos los sentidos. Mañana empieza una nueva semana y estoy deseando verte y estudiar contigo. No sé. Te conozco poco pero me siento muy vinculada a ti. Me das seguridad. Dios. Soy imbécil. No debería estar escribiéndote estas cosas. Perdóname una vez más. Soy un desastre. Nos vemos mañana en el autobús de siempre a la misma hora de siempre? Por favor. Di que sí. Traigo el iPod cargado de música nueva y muchas ganas de verte. Soy más dura que todas estas ñoñerías que te cuento, pero me has pillado un poco de bajón. Por cierto, espero que te gusten las fotos. Algún día te contaré su historia. Son un pequeño regalo. Por todas las veces que me has ayudado, aun sin conocerme prácticamente nada. De veras. Gracias. Gilipollas, parezco gilipollas. Voy a dejar de escribir o vas a pensar que soy una idiota de cabo a rabo. Un fuerte abrazo. Contéstame con un privado, por favor. Gracias.”

Había muchos tachones, algunos borrones y en algunas partes la letra era difícil de interpretar. Pero estaba claro el mensaje. Abril está bien y quiere que yo siga estando ahí. La verdad, aquello a Adam le venía grande. No sabía qué pensar. Las chicas son todas un misterio, y muchas veces sí que es cierto que se ponen muy dramáticas. Puede ser que no le pasase nada.
-¡¡ADAM!! ¡A comer!
-¡Voy!
Dobló la carta y la metió entre las páginas de un cómic de Mafalda. Las fotos las pegó con celo en su armario.

No hay comentarios: