5.4.12

Veinte y Seis.

Pasaron unos cuantos días. Adam no llevó la cuenta, pero se percató a la perfección del cambio de personalidad que sufrió Abril. Lo que prometió en su carta no se cumplió. Al día siguiente ella no estaba en la parada. Ni los siguientes días. De alguna forma ya estaba en la Universidad y él no podía más que preguntarse qué habría hecho para que aquello sucediese de esa forma. Él le había respondido tal y como ella le pidió. No escribió nada fuera de lugar. Nada ofensivo. Y sin embargo, cada vez que intentaba acercarse a hablar con ella, Abril se excusaba y desaparecía con Noa. Rara vez las veía separadas. Las ojeras se le acrecentaban y el gato de su abuela se había vuelto más agresivo con ella. Al menos eso era lo que él se decía para calmar sus nervios cada vez que veía los arañazos en su muñeca. Algo se había roto irremediablemente, y una vez más se le escapaba la respuesta.

Pero los problemas de Adam no acababan con la misteriosa chica. Andrea le había pedido una segunda oportunidad. No simplemente sexo. No. Volver a formar una pareja. Y Adam no estaba preparado ni de lejos, pero la soledad le aterraba. Odiaba quedarse a solas con sus pensamientos. Para más inri, cuando trataba de estudiar o de centrarse en la academia o en clase se distraía con el más nimio murmullo. Los exámenes se le echaban encima y él ya no sabía qué hacer. Además, su amiga Aitana había dejado de hablarle también. No entendía nada. Ella no le devolvía las llamadas, y tampoco sacaba tiempo de su apretada agenda para ir a verla a Alcorcón. El mundo se le venía encima y no sabía cómo salir de aquello. Las broncas con su madre no ayudaban.

-¡Adam!
-Ah. Hola. Hmm. ¿Qué tal? –Caminaba distraído mientras el compañero de prácticas de Matlab le seguía.
-Bien, bien. Tenemos que ver aquel problemilla.
-Sí. Ya… eh…esto… pues…
-Mañana. Por la tarde. Quédate en la Escuela y lo miramos. Y céntrate, anda.
-Claro. Chao.

Adam se metió al baño y se lavó la cara.
BIP BIP. Su móvil emitió una ligera vibración. Adam lo sacó. Lo leyó. Tardó 10 minutos en cerrar el grifo después de recuperarse de su shock. Aitana le declaraba su amor. Y él sólo podía ver la mota de polvo que había en el azulejo. Se concentró en la mota de polvo. Y deseó ser la mota de polvo. Se estaba asfixiando.

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